¿Cómo puede golpear el mal a Dios? Imagínese a una madre cuyo hijo está enfermo. Sufre por su hijo por amor e identificación. Una madre perfectamente sana puede vivir la agonía de su hijo más dolorosamente aún que él debido a esa identificación del amor con el ser amado. Su amor es capaz de ello. ¿Alguien puede pensar que el Amor de Dios es menos maternal que el amor de una madre, cuando todo el amor de todas las madres, incluido el de la Santísima Virgen, no es más que una gota en el océano de la ternura maternal de Dios? Por eso ningún hombre recibe un golpe sin que Dios lo reciba también en él, antes que él y por él. A partir de la muerte de Jesús en la Cruz, el hombre solo puede situarse ante el mal al lado de Él, apoyándose firmemente en Él. Debe permanecer al lado de María, la Virgen al pie de la Cruz, para completar en su carne «lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 24). (Sarah, Cardenal Robert. La fuerza del silencio)